
El Sol se escondía, estaba en un país diferente, extraño, donde ni siquiera podía entender el
idioma que hablaban. Ya no era un pastor y no tenía nada más en la vida, ni siquiera dinero
para volver empezar todo de nuevo "Todo esto entre el nacimiento y la puesta de un mismo
sol", pensó. Y sintió pena de sí mismo porque a veces las cosas cambian en la vida.
En el espacio de un simple grito, antes de que las personas puedan acostumbrarse a ellas.
Le daba vergüenza llorar. Jamás había llorado delante de sus propias ovejas. Pero el
mercado estaba vacío y él estaba lejos de su patria.
El muchacho lloró. Lloró por qué Dios era injusto y retribuía de esta forma a las personas
que creían en sus propios sueños. "Cuando yo estaba con las ovejas era feliz e irradiaba
siempre felicidad a mi alrededor. Las personas me veían llegar y me recibían bien.
Pero ahora estoy triste e infeliz. ¿Qué haré? Voy a ser más duro y no confiaré más en las
personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros
escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que
tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo."
El Alquimista - Paulo Coelho